Ni muy SOBRADO, ni muy HUMILDE

Cuando se trata de dones y servicios, hay un punto muy importante que todo músico de Dios debe tener en cuenta para no caer en la tentación de ser ni “muy sobrado” ni “ser muy humilde”, es decir, tener falsa humildad. Veamos este aparte del libro LAS TENTACIONES DEL MÚSICO CATÓLICO del Maestro Martín Valverde:

<<Hace algún tiempo, al bajar del escenario al terminar un concierto, descubrí que entre el público asistente estaba uno de mis formadores espirituales que más influencia ha ejercido en mi vida. Se me acercó sonriendo y me dijo con la sencillez habitual con que adereza sus palabras: “te felicito Martín, tocaste muy bien”. Mi intención de no apropiarme de la Gloria de Dios era sincera e inocente, por lo que a cada felicitación invariablemente respondía: “no fui yo, fue el Señor”. Cuando José –que así se llama este hombre- escuchó esta respuesta, sonrió aún mas y me dijo: “¿Qué dices?” –levanté un poco el tono de mi voz para que no quedara duda alguna de mis palabras- “¡que no fui yo! ¡que fue el Señor!” José me miro con benevolencia pero urgiéndome a la razón “-pero, si yo te vi tocar a ti. Está bien que tengas barba pero no es para tanto”. Yo me sentí totalmente desarmado, estaba hablando sobre la humildad, uno de los temas más delicados para cualquier artista cristiano, con uno de mis maestros, pero con un par de palabras, José echaba por tierra todas mis explicaciones. No pude menos que reírme al darme cuenta de cómo sonaban mis palabras y le dije: -“José, por favor, entiéndeme, si fui yo quien tocó, pero en realidad no fui yo. Bueno, no, déjame ver; el Señor fue quién tocó, pero yo… ¡Oh, qué cosa, la verdad ya no sé!, ¿qué te traes entre manos?”. José volvió a sonreír y mirándome con esa expresión siempre feliz que baila en sus ojos me dijo: “Mira Martin: entiendo y admiro tu deseo de darle todo el crédito que corresponde a Dios, pero no es que EL trabaje el cincuenta por ciento y tú el otro cincuenta por ciento, ni tampoco debes creer que Dios se encarga del cien por ciento y tú te quedas con cero o menos que el cero por ciento. Nada de eso. Simplemente Dios hace su cien por ciento y tú pones la parte que te corresponde: tu treinta, sesenta o noventa por ciento que a fin de cuentas es tu cien por ciento, porque es lo mejor que puedes dar. Él se glorifica cuando tú tocas, y si aceptas que interpretaste bien tu música, Él recibe igual gloria y tu humildad no se daña mas bien se balancea. O dime, si resulta que tocas mal, ¿qué vas a decir?, ¿lo mismo?, no creo que al Señor le guste la idea: “No se preocupen… no fui yo el que tocó mal… fue el Señor.” Acepta tu parte en todo esto, recuerda que la humildad es ser tú mismo y ya, sin poner ni quitar nada.”>>

Recuerda el versículo “La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos”. (Juan 15, 8). Acepta la felicitación pues estás poniendo tu 100 al servicio de Dios y estás dando muchos frutos, pero que eso no sea un motivo para creerte autosuficiente.

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